Llegamos al final del cuento del trébol de las cuatro hojas de la suerte ilimitada (ver entradas anteriores). Nott fue al palacio de Merlín y cuando llegó se dio cuenta de que todo el jardín había sido empedrado, la bruja le había mentido. Ya no había jardín. No quiso hacer daño a Merlín y se fue a su castillo solitario.Sid fue a enseñar a Merlín los tréboles y a contarle cómo los había conseguido. Merlín le felicitó por haber creado las circunstancias. Y Sid fue por todo el reino contando su felicidad y enseñando los tréboles de cuatro hojas. Todos los que habían crecido en su pequeño terreno.
La buena suerte depende de tí.
Cuando acabó de contarle el cuento. David estaba pensativo. Victor se dio cuenta y le dijo que no se lo tomara como algo personal, que no se lo aplicase. Pero David le dijo que no era casualidad haber oído ese cuento. Llevaba mucho tiempo buscando a su amigo de la infancia, su único verdadero amigo. Había dedicado muchos días y esfuerzo. Al final lo había encontrado “no por casualidad”, y comprendía que el cuento le venía al pelo. Comenzaría a crear nuevas circunstancias.
Notas tomadas de la lectura del libro La bona sort, claus per a la prosperitat (Urano, Barcelona 2004) de Àlex Rovira Celma y Fernando Trías de Bes.
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