lunes, 4 de mayo de 2009

BUSCAR LA BUENA SUERTE (I)

Allá por enero de 2006 leí un libro titulado La bona sort, claus per a la prosperitat (Urano, Barcelona 2004), de Àlex Rovira Celma y Fernando Trías de Bes. Fue el primer libro que he leído en catalán, y hasta ahora único. En cualquier caso está también traducido al castellano (La buena suerte). Es un cuento relatado por un hombre maduro –Víctor- a su amigo de la infancia –David-, al que no ve desde que eran niños en un desfavorecido barrio de la ciudad. Al contrario que el triunfador Victor, David ha llevado una vida desgraciada, originada cuando siendo él muy niño a su familia le llegó una fortuna como herencia de un tío lejano.

La tesis de este libro es que hay una diferencia entre la suerte y la buena suerte. La primera no dura mucho, porque no depende de ti, la segunda dura siempre, porque depende de ti. Explican los autores, por ejemplo, que el noventa por ciento de las personas que ganan la lotería, en poco tiempo vuelven a estar como al principio o se arruinan.

El mensaje de Victor es el cuento del trébol de las cuatro hojas de la suerte ilimitada. En esencia el relato explica cómo el mago Merlín reúne a todos los caballeros del reino para anunciarles que en siete días brotaría el trébol de las cuatro hojas de la suerte ilimitada en algún lugar del Reino. Quien lo encontrase tendría una suerte ilimitada. Les anuncia además que nacerá en el Bosque Encantado. Un bosque que ocupa más de la mitad del Reino.

De la gran cantidad de caballeros que reciben la noticia sólo dos se deciden a ir a buscarlo. Los otros se van desanimados por la dificultad que supone encontrar en siete días el trébol en un bosque tan grande. Todos encontraron una excusa, una dificultad, se arrugaron ante lo imposible

Los dos caballeros que se decidieron a buscarlo son Nott, el del caballo negro, y Sid, el del caballo blanco. Los dos parten con la esperanza de encontrar el trébol. El primero era consciente de la dificultad, pero conocía a gente en el bosque y esperaba que, preguntando, lo encontraría. Sid no se complicaba tanto, confió en la palabra de Merlín.

Así comienza la historia. Y esta es la primera lección que da. Muchos son los que buscan la buena suerte, pero pocos son los que se deciden a buscarla. Es un buen punto de reflexión. Hay que decidirse a buscar la suerte.

Durante esta semana iré publicando los apuntes que tomé de la lectura de ese libro. Merece la pena leerlo entero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustaría saber si existe alguna edición del libro en Castellano. Creo que la buena suerte sólo se busca cuando no supone un esfuerzo. Pocos se deciden a pelearla cuando se intuye que lograrla conllevará algunas penalidades de las que después nos olvidaríamos. La cultura del esfuerzo, esa que reivinidca Sarkozy y que está tan alejada de la calle en España, sería una buena forma de contribuir desde las instituciones al bien social. Enhorabuena por el blog y ánimo aunque no haya aluvión de comentarios. Su intención es hacer pensar y lo consigue. Un abrazo, Álvaro S.