domingo, 10 de mayo de 2009

BUSCAR LA BUENA SUERTE (IV): ACTUAR CON PRONTITUD

Después de varios días buscando el trébol de las cuatro hojas de la suerte ilimitada (ver entradas anteriores), Nott estaba bastante desanimado, miraba al suelo para ver si encontraba algún trébol por casualidad. Entonces se dio cuenta de que no había ido a hablar con la secuoya, el primer habitante del Bosque Encantado. Fue a hablar con ella y entabló una conversación muy pesada, porque la secuoya tardaba mucho en hablar. Ya estaba al corriente de lo que buscaban los caballeros, porque se lo habían contado los árboles entre ellos. Su respuesta fue que nunca jamás en el bosque había habido un trébol de cuatro hojas. Nott se sintió desolado y empezó a dudar seriamente de Merlín.

Sid se despertó muy animado. Contempló el lugar que había trabajado y pensó en que le faltaba para conseguir las condiciones óptimas. Pensó que necesitaría, como todas las plantas, luz y sombra, y el bosque era muy oscuro. Pensando, se le ocurrió que la secuoya, que era el árbol más viejo del lugar, sabría cuanta luz y cuanta sombra necesitaría el trébol. Y fué a preguntárselo. Llegó poco después de que se hubiese marchado Nott.

Cuando la secuoya le vio se quedó igual. Sid sabía que era un árbol muy anciano y le costaba reaccionar, así que fue exquisitamente respetuoso. Y le hizo la pregunta adecuada: no si podían o no haber tréboles de cuatro hojas, sino cuánta luz y cuanta sombra necesitaban para crecer. El árbol se tomó su tiempo, y después dijo: mitad de sol y mitad de sombra, pero eso es imposible en este bosque, porque todo es sombra.

Sid preguntó si no habría inconveniente en crear un poco de luz en su parcela, cortando alguna rama de los árboles que había. Le pidió permiso a la secuoya. Esta respondió que no tenía que pedir ningún permiso, porque a los árboles les encanta que les quiten las ramas y hojas secas, cosa que no había ocurrido nunca en el bosque porque todos sus habitantes eran unos vagos. Sid volvió contento y podó las ramas secas de los árboles que cubrían su parcela, consiguiendo luz y sombra en partes iguales. Pero lo hizo enseguida, ya que el tiempo apremiaba.

Si dejas para mañana la tarea de preparar las circunstancias, puede ser que la buena suerte no llegue nunca. Crear circunstancias requiere un primer paso: hacerlo ahora.

Notas tomadas del libro La bona sort, claus per a la prosperitat (Urano, Barcelona 2004) de Àlex Rovira Celma y Fernando Trías de Bes.

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