jueves, 14 de mayo de 2009

BUSCAR LA BUENA SUERTE (VI): EL AZAR

Después de seis días Sid y Nott seguían buscando el trébol de las cuatro hojas de la suerte ilimitada (ver entradas anteriores). Ese día por la noche se encontraron los dos caballeros, era la noche anterior al último día.

Nott llegó vagando al lugar donde estaba Sid. Sid le explicó todo lo que había hecho, le enseñó el montón de ramas y piedras que había trabajado y le contó el motivo de su optimismo. A su pequeña parcela había llevado buena tierra, había regado, había podado las ramas de los árboles para dejar pasar la luz del sol, había quitado las piedras grandes y pequeñas que podían entorpecer el crecimiento de los tréboles... Pero Nott no le dejó acabar. Le dijo que estaba loco, que ese terreno era una porquería en comparación con todo el bosque y que le faltaba un tornillo. Y se fue.

Los que sólo creen en el azar piensan que crear circunstancias es absurdo. A aquellos que se dedican a crear circunstancias el azar no les preocupa.

Apuntes tomados del libro La bona sort, caus per a la prosperitat (Urano, Barcelona 2004) de Àlex Rovira Celma y Fernando Trías de Bes.

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