En febrero Planeta publicó un libro titulado ‘Seducidos por la muerte’, de Herbert Hendin, consejero delegado y director médico de Suicide Prevention International y catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College. Supe de su existencia por un amigo. Lo compré y lo leí. Realmente es difícil comprobar hasta dónde puede llegar lo que el autor llama "la pendiente resbaladiza" cuando se legaliza algo como la eutanasia. No habla de teorías, ni de valoraciones religiosas, cuenta la realidad vivida.Hendin es un experto mundial en prevención del suicidio y ha viajado a Holanda para comprobar ‘in situ’ cuál es el resultado de la aplicación de la ley permisiva con la eutanasia y el suicidio asistido. Ha entrevistado a médicos, pacientes y enfermeros. Ha estudiado a fondo los datos oficiales sobre muerte terminal. Y ha extraído sus conclusiones.
Sus análisis e informes han sido utilizados por el Tribunal Supremo norteamericano para declarar que no existe el derecho constitucional al suicidio asistido. Me parece que aporta suficiente información como para hacer pensar.
Transcribo algunos párrafos del libro:
• [Tras su visita a Holanda] “La aceptación de la eutanasia ha llevado a que se descuide el desarrollo de los cuidados paliativos. La eutanasia, que se había propuesto como solución necesaria para unos pocos casos extremos, se ha convertido en una manera casi rutinaria de tratar la ansiedad, la depresión y el dolor en pacientes graves o terminales”.
• “Lo que he visto en Holanda y Estados Unidos me ha convencido de que hay que evitar la legalización de la eutanasia porque los cuidados paliativos se descuidarían y empeorarían”.
• “Es imposible regular la eutanasia. Saqué esta conclusión de los informes del gobierno holandés, de hablar con los investigadores que los hicieron, y de los casos que me presentaron. El hecho de que el reconocimiento legal crea un clima cultural que favorece la desobediencia a cualquier normativa es algo que queda bien reflejado en que el 25 por ciento de los médicos reconocen haber dado medicinas para acortar la vida sin el consentimiento de los pacientes”.
• “Pocos médicos saben que es posible eliminar todos los dolores con cuidados paliativos adecuados, si se incluye la sedación en los casos necesarios. Cuando se dan cuenta de esto, la mayoría de los médicos prefieren esos métodos”.
• “Los defensores de la eutanasia han exagerado el número de médicos que la practican, y dicen que hay que legalizarla para así poder regularla. El argumento no parece muy convincente: ¿hay que cambiar la ley simplemente porque no se respeta?, y ¿qué nos hace pensar que los que ahora no cumplen la ley después van a respetar las normas que entonces se propongan? La experiencia de Holanda nos indica más bien que la legalización crea un clima favorable a la desobediencia a las normas”.
• “Tenía curiosidad por saber cómo reaccionaría Eugene Sutorius [célebre abogado defensor de médicos en casos de eutanasia] al decirle que miles de pacientes lúcidos y no lúcidos eran llevados a la muerte sin su consentimiento. Cuando se lo comenté me dijo que había momentos en los que los médicos sentían que tenían que actuar porque los pacientes o las familias no podían hacerlo. Sabía de un caso en que un doctor había puesto fin a la vida de una monja unos días antes de que hubiera fallecido por muerte natural porque tenía muchos dolores y el médico sabía que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la eutanasia. Sutorius no encontró ningún argumento, sin embargo, cuando le pregunté por qué no se le había permitido a la monja morir de la forma en que quería”.
Cuesta hacerse una idea de que todo esto es real. Espero que ninguno de nosotros pierda nunca la confianza del médico. Que nunca se legalice la eutanasia.
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