jueves, 30 de abril de 2009

ROMPIENDO EL SILENCIO

Esperanza Puente es madre soltera desde los 18 años y decidió abortar cuando, años después, volvió a quedarse embarazada. Actualmente es la portavoz de la Fundación Red Madre (http://www.redmadre.es/) y acaba de publicar un libro titulado Rompiendo el silencio (Libroslibres, Madrid 2009), en el que expone su propio testimonio y el de otras mujeres que sufrieron un aborto provocado. Se lee de un tirón, te lo recomiendo. El testimonio de la autora ha sido escuchado en la ONU, en la subcomisión del Congreso sobre el aborto y en diversos foros y medios de comunicación nacionales e internacionales. Ahora dedica su actividad profesional tanto al apoyo de mujeres con problemas relacionados con su embarazo como a la puesta en marcha de proyectos e iniciativas que contribuyan a paliar el síndrome post-aborto.

El libro es un conjunto de testimonios y reflexiones de primera mano. Impactante. Copio un pasaje que me parece significativo (pp. 88-90), del que he omitido parte, por motivos de espacio y de sensibilidad:

- (Marta, 28 años)"Cuando cumplí los 18 me quedé embarazada (...). El día 8 por la mañana fuí a la clínica. Me pareció un lugar tétrico, frio y sin humanidad; eso no era una clínica. Una clínica ayuda a los enfermos, les cura, les alivia; allí me hicieron ver que mi bebe era una enfermedad y, claro, me lo "quitaron". Simplemente, querían el dinero.

Hay gente que pinta el aborto como si los que los que se dedican a practicarlo fuesen hermanitas de la caridad progesistas que hacen un bien a la mujer. Parece incluso que cumplen las leyes. Pues ahí les va lo que yo viví; cuando llegué, me tomaron mis datos, no me pidieron el DNI, me pasaron a una sala de espera llena de mujeres; todas calladas. Yo era la más joven, el resto tenía entre 35 y 45 años, más o menos. Me llevaron a otra sala para hacerme una ecografía. La ginecóloga, seria y muy distante, no me miró a los ojos, no me enseñó la pantalla, simplemente corroboró que estaba embarazada de tres meses. Volví a la sala espera (...).

Nadie me explicó lo que me iban a hacer(...). Luego oí el aspirador y sentí una aborción que me dolía muchísimo: era como si me estuviesen vaciando entera (...). No se cuánto tiempo pasó, ni que hicieron con mi hijo. Salí del quirófano sintiendo dolor y muerte (...). Estaba sola. Al rato entró la enfermera y me dijo que me vistiera, tenía que irme. La habitación iba a ser ocupada por otras mujeres. Psicológicamente, es lo más traumático que viviré jamás".

Desde 1985 se han practicado en España más de un millón de abortos. Muchas mujeres que en su día celebraron la legalización de la supresión del embarazo han cambiado luego su punto de vista. Y otras han lamentado la poca información que tuvieron cuando decidieron abortar. Uno de los ultimos capítulos del libro analiza "el aborto que viene", y no parece que vayamos por el buen camino.

Me parece que el aborto es un problema, así lo entendemos todos. Y me parece que la solución más acertada no es "eliminar" bebés no nacidos (así los llaman sus madres en este libro), sino acciones encaminadas a ayudar a esas madres, que se enfrentan a panoramas bastante sombríos, como también queda de manifiesto en las páginas de Rompiendo el silencio. Por eso han proliferado Fundaciones como Red Madre y muchas otras.

miércoles, 29 de abril de 2009

SEDUCIDOS POR LA MUERTE

En febrero Planeta publicó un libro titulado ‘Seducidos por la muerte’, de Herbert Hendin, consejero delegado y director médico de Suicide Prevention International y catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College. Supe de su existencia por un amigo. Lo compré y lo leí. Realmente es difícil comprobar hasta dónde puede llegar lo que el autor llama "la pendiente resbaladiza" cuando se legaliza algo como la eutanasia. No habla de teorías, ni de valoraciones religiosas, cuenta la realidad vivida.

Hendin es un experto mundial en prevención del suicidio y ha viajado a Holanda para comprobar ‘in situ’ cuál es el resultado de la aplicación de la ley permisiva con la eutanasia y el suicidio asistido. Ha entrevistado a médicos, pacientes y enfermeros. Ha estudiado a fondo los datos oficiales sobre muerte terminal. Y ha extraído sus conclusiones.

Sus análisis e informes han sido utilizados por el Tribunal Supremo norteamericano para declarar que no existe el derecho constitucional al suicidio asistido. Me parece que aporta suficiente información como para hacer pensar.

Transcribo algunos párrafos del libro:

• [Tras su visita a Holanda] “La aceptación de la eutanasia ha llevado a que se descuide el desarrollo de los cuidados paliativos. La eutanasia, que se había propuesto como solución necesaria para unos pocos casos extremos, se ha convertido en una manera casi rutinaria de tratar la ansiedad, la depresión y el dolor en pacientes graves o terminales”.

• “Lo que he visto en Holanda y Estados Unidos me ha convencido de que hay que evitar la legalización de la eutanasia porque los cuidados paliativos se descuidarían y empeorarían”.

• “Es imposible regular la eutanasia. Saqué esta conclusión de los informes del gobierno holandés, de hablar con los investigadores que los hicieron, y de los casos que me presentaron. El hecho de que el reconocimiento legal crea un clima cultural que favorece la desobediencia a cualquier normativa es algo que queda bien reflejado en que el 25 por ciento de los médicos reconocen haber dado medicinas para acortar la vida sin el consentimiento de los pacientes”.

• “Pocos médicos saben que es posible eliminar todos los dolores con cuidados paliativos adecuados, si se incluye la sedación en los casos necesarios. Cuando se dan cuenta de esto, la mayoría de los médicos prefieren esos métodos”.

• “Los defensores de la eutanasia han exagerado el número de médicos que la practican, y dicen que hay que legalizarla para así poder regularla. El argumento no parece muy convincente: ¿hay que cambiar la ley simplemente porque no se respeta?, y ¿qué nos hace pensar que los que ahora no cumplen la ley después van a respetar las normas que entonces se propongan? La experiencia de Holanda nos indica más bien que la legalización crea un clima favorable a la desobediencia a las normas”.

• “Tenía curiosidad por saber cómo reaccionaría Eugene Sutorius [célebre abogado defensor de médicos en casos de eutanasia] al decirle que miles de pacientes lúcidos y no lúcidos eran llevados a la muerte sin su consentimiento. Cuando se lo comenté me dijo que había momentos en los que los médicos sentían que tenían que actuar porque los pacientes o las familias no podían hacerlo. Sabía de un caso en que un doctor había puesto fin a la vida de una monja unos días antes de que hubiera fallecido por muerte natural porque tenía muchos dolores y el médico sabía que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la eutanasia. Sutorius no encontró ningún argumento, sin embargo, cuando le pregunté por qué no se le había permitido a la monja morir de la forma en que quería”.

Cuesta hacerse una idea de que todo esto es real. Espero que ninguno de nosotros pierda nunca la confianza del médico. Que nunca se legalice la eutanasia.

martes, 28 de abril de 2009

LA IGLESIA Y EL SIDA

Con este título publicó el otro día Luis María Ansón un artículo. He de decir que no me gusta el tono de algunas afirmaciones, demasiado -como se dice ahora- "crispadas". De todas formas, la idea central si me parece que puede ayudar a pensar: en todo el mundo hay muchas personas católicas que, por especial vocación, dedican su vida a los demás (católicos y no católicos), especialmente en el campo de la medicina, aunque también en la educación y muchas más cosas... Con ello crean un espacio común, por encima de credos, ideologías e intereses económicos. Y eso es mucho más que enviar a una zona necesitada un cargamento de trigo, libros o preservativos. Os dejo con el artículo:


LUIS MARIA ANSON
La Iglesia y el sida (02.04.2009)

Allí donde hay un hospital dedicado al sida, lo mismo en África que en Asia o Iberoamérica, también en Europa, son monjas y curas católicos los que están a pie de cama para atender a los enfermos. He recorrido en trabajo profesional más de cien países. En las leproserías de todo el mundo, en los asilos de ancianos terminales, en los hospitales para enfermos infecciosos, sólo se encuentra uno con misioneras y misioneros católicos. Esa es la escueta verdad. Nunca me he tropezado en esos lugares con un comunista militante, con uno de esos manifestantes que vociferan contra la Iglesia. Los misioneros y misioneras permanecen al margen de las pancartas y los sermones políticos. Derraman su amor sobre los leprosos, los sidosos, los enfermos terminales, los ancianos sin techo, los desfavorecidos y desamparados.

Aún más, todos los profesionales del periodismo sabemos que cuando estalla una tragedia del tipo que sea en el tercer mundo, encontraremos información certera en la misionera o el misionero españoles, que ejercen su ministerio en los lugares más miserables. Nunca fallan, esa es la realidad. José Luis Rodríguez Zapatero, para dar una lección a la Iglesia Católica, ha decidido obsequiar a África con un millón de preservativos pagados a través de los impuestos con los que sangra a los ciudadanos españoles. ¿A cuántos militantes del PSOE, encabezados por Bibiana Aído, va a enviar para que se instalen durante diez años en los hospitales especializados en sida, para que convivan con los enfermos, les atiendan, les den de comer, les limpien, les acompañen? El Papa ha instalado en el África enferma a muchos millares de monjas y curas, de misioneros y misioneras. Obras son amores. Esa es la diferenciaentre los que vociferan y los que derraman cariño y atenciones.

Conocí en enero de 1967, cuando carecía de la celebridad que adquirió posteriormente, a Teresa de Calcuta. Pasé un día con ella visitando sus hangares para enfermos terminales. Escuché con atención lo que me decía. Fue una lección de quién sabía mejor que nadie en qué consisten las tierras duras del hambre, el mundo de los desfavorecidos profundos. Supe que estaba hablando con una santa. Y así lo escribí.

Pues bien, en el cuerno africano, en las ciudades estercoleros de África, en los pueblos escombreras de Asia, en las favelas brasileñas o en las villamiserias peruanas, trabajan para los más pobres, para los más desfavorecidos, millares y millares de teresitas de Calcuta. El Papa cree que la mejor forma de combatir el sida en África es la monogamia y la fidelidad. No ha tenido en cuenta lo estupendas que están las negritas y lo difícil que tiene que ser, ante el espectáculo de tanta belleza y atractivo, que los negros politeístas y polígamos practiquen la virtud de la monogamia. Pero ironías aparte, quienes combaten el sida en África, quienes atienden a los enfermos son las misioneras, los misioneros católicos. Escuché en una tertulia de radio a un simpático homosexual cebarse con el Papa y despotricar contra la Iglesia. Se me ocurrió aclararle: «Dicen que el sida está especialmente extendido entre los homosexuales aunque afecte ya a los heterosexuales. Seguro que tú nunca te pondrás enfermo. Pero ten por seguro que, si así fuera, quien te atenderá con amor y dedicación en el hospital será una monja católica». Se quedó callado como una puta el simpático gay y los tertulianos se apresuraron acambiar de tema.

domingo, 26 de abril de 2009

MANIFIESTO DE CIENTÍFICOS SOBRE EL ABORTO

Los abajo firmantes, profesores de universidad, investigadores, académicos, e intelectuales de diferentes profesiones, ante la iniciativa del Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, de promover una ley de plazos, suscribimos el presente Manifiesto en defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal y rechazamos su instrumentalización al servicio de lucrativos intereses económicos ó ideológicos.

En primer lugar, reclamamos una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana en todas sus etapas y a este respecto deseamos se tengan en consideración los siguientes hechos:

a) Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales así lo demuestran: la Genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular; la Biología Celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular; la Embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad.

b) El cigoto es la primera realidad corporal del ser humano. Tras la fusión de los núcleos gaméticos materno y paterno, el núcleo resultante es el centro coordinador del desarrollo, que reside en las moléculas de ADN, resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular.

c) El embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto (a partir de la octava semana) son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano y en el claustro materno no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo.

d) La naturaleza biológica del embrión y del feto humano es independiente del modo en que se haya originado, bien sea proveniente de una reproducción natural o producto de reproducción asistida.

e) Un aborto no es sólo la «interrupción voluntaria del embarazo» sino un acto simple y cruel de «interrupción de una vida humana».

f) Es preciso que la mujer a quien se proponga abortar adopte libremente su decisión, tras un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias.

g) El aborto es un drama con dos víctimas: una muere y la otra sobrevive y sufre a diario las consecuencias de una decisión dramática e irreparable. Quien aborta es siempre la madre y quien sufre las consecuencias también, aunque sea el resultado de una relación compartida y voluntaria.

h) Es por tanto preciso que las mujeres que decidan abortar conozcan las secuelas psicológicas de tal acto y en particular del cuadro psicopatológico conocido como el «Síndrome Postaborto» (cuadro depresivo, sentimiento de culpa, pesadillas recurrentes, alteraciones de conducta, pérdida de autoestima, etc.).

i) Dada la trascendencia del acto para el se reclama la intervención de personal médico es preciso respetar la libertad de objeción de conciencia en esta materia.

j) El aborto es además una tragedia para la sociedad. Una sociedad indiferente a la matanza de cerca de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma.

k) Lejos de suponer la conquista de un derecho para la mujer, una Ley del aborto sin limitaciones fijaría a la mujer como la única responsable de un acto violento contra la vida de su propio hijo.

l) El aborto es especialmente duro para una joven de 16-17 años, a quien se pretende privar de la presencia, del consejo y del apoyo de sus padres para tomar la decisión de seguir con el embarazo o abortar. Obligar a una joven a decidir sola a tan temprana edad es una irresponsabilidad y una forma clara de violencia contra la mujer.

En definitiva, consideramos que las conclusiones que el Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, trasladará al Gobierno para que se ponga en marcha una ley de plazos, agrava la situación actual y desoye a una sociedad, que lejos de desear una nueva Ley para legitimar un acto violento para el no nacido y para su madre, reclama una regulación para detener los abusos y el fraude de Ley de los centros donde se practican los abortos».


Fdo.:
Nicolás Jouve (Catedrático de Genética; DNI 1154811)
Francisco Ansón (Escritor; DNI 847005)
Cesar Nombela (Catedrático de Microbiología; 1346619S)
Francisco Javier del Arco (Biólogo, Filósofo y Escritor; DNI: 00138438-N)
Vicente Bellver (Profesor Titular Filosofía del Derecho: DNI: 24335564T)
Luís Franco Vera (Catedrático de Bioquímica: DNI es 02.464.829B)
…/…


Siguen un millar de adhesiones a fecha de 17 de marzo de 2009, y siguen aumentando.

sábado, 25 de abril de 2009

AFRICA Y SIDA: ¿PRESERVATIVOS?

Se ha convertido ya en un lugar común acusar a la Iglesia de la responsabilidad de la extensión de la epidemia del sida en África por oponerse al reparto y uso del preservativo. No voy a entrar aquí en las razones que tiene la Iglesia para aconsejar esa oposición. Si me parece oportuno aclarar que aconsejar no es prohibir. Aún queriendo, que no quiere, sería en la práctica imposible que la Iglesia prohibiera el uso del preservativo. Por poner tres ejemplos citados por Michael Cook, un periodista australiano (www.mercatornet.com 2 de junio de 2005): en Suazilandia, donde el 42,6% de la población está infectada, los católicos son sólo el 5% de la población; en Botswana, con un 37% de la población adulta infectada, sólo el 4% de la población es católica; en Sudáfrica, con un 22% de la población infectada, los católicos son el 6%. Un contraejemplo curioso, en Uganda, donde el 43% son católicos, la proporción de población adulta infectada es el 6% (en 1990 estaba en el 20%). Luego veremos que la Iglesia en Uganda simplemente ha aconsejado y apoyado una iniciativa bastante acertada de su presidente, sin prohibir nada.

En fin, parece que no es precisamente la postura de la Iglesia la causa del sida en África.

Me voy a centrar en una aproximación al problema del sida en África, en sus causas y en las soluciones que proponen los mismos africanos.

El 30 de enero de 2000, El País publicaba un artículo de John Carlin en el que se afirmaba que en 1999 murieron de sida en África subsahariana 2,2 millones de personas (el 85% de los muertos por esta causa en todo el mundo). Las causas del sida, para Carlin y para la mayoría de los analistas que han estudiado el tema, se suelen enfocar en tres: la pobreza, la lucha por la mejora del estatus social de las mujeres y la conducta sexual. En el artículo de El País, Carlin legaba a la conclusión de que el factor más determinante era el cambio de conducta sexual, ya que en África occidental se observa que e SIDA está sólo extendido en bolsas (en Senegal, por ejemplo, la infección se ha contenido a menos del 2% de la población, gracias a una actividad sexual más controlada), y además, países como Botswana, donde la tasa de infección es tan alta como en otros lugares, posee la renta per capita más elevada de África. Esta conclusión lleva a un plantear un problema incómodo, pero tan absolutamente obvio como alertar sobre el comportamiento sexual.
¿Por qué es incómodo?

Es incómodo porque se entrelaza con los otros dos problemas, la pobreza y el estatus de la mujer. Todo ello en una gran desorientación sobre la conducta sexual que no parece formar parte de la cultura intrínseca africana. Veamos por qué.

Vamos a partir de una campaña realizada en Uganda por el Population Services Internacional, con sede en Washington. El programa (que se llama “Go-Getters Clubs” en contraposición a “Go ahead”, invitación típica de los “suggar daddies”) trata de explicar a las chicas adolescentes que ceder a las proposiciones sexuales a cambio de regalos (un teléfono móvil, vestidos o cosméticos) no sólo es degradante sino también arriesgado. Según algunos expertos, gran parte de los contagios de sida entre las jóvenes es la actividad de los “suggar daddies”, hombres que ofrecen regalos o dinero a cambio de favores sexuales. Las chicas son las más afectadas en todo el África subsahariana. En Uganda, que es uno de los países menos infectados, todavía el 10,3% de las jóvenes de 15 a 25 años están infectadas, frente al 2,8% de los chicos entre esas edades, según datos de 2005. En Camerún, un grupo de activistas dedicados a promover la defensa de los valores sociales, la Cameroon Association for Social Marketing, organizó una campaña parecida, la “Cross Generation Sex” con el mismo objetivo, prevenir el sida entre las adolescentes, mediante la negación a las relaciones sexuales por intercambio de bienes.

No es un problema fácil de entender por un europeo. En 2005, David Brooks publicaba un artículo en “The New York Times” donde alertaba de la situación en África en este sentido. Allí escribe, después de un viaje a Mozambique, que allí la mayoría sabe cómo conseguir preservativos, pero de hecho son pocos los que lo usan. La raíz del problema está en gente bien situada: en mineros que mantienen relaciones sexuales con prostitutas y luego transmiten la infección a sus mujeres, maestros que venden sus títulos por sexo, viejos ricos que tienen relaciones sexuales con chicas de 14 años a cambio de teléfonos móviles.

Angelina Kakooza-Mwesige, pediatra del hospital Mulago, uno de los más grandes de Uganda, habla de adolescentes que empiezan a tener relaciones sexuales a cambio de poder comprar ciertas cosas o para sentirse aceptadas en actividades que les permitan formar parte de un grupo de amigos. Habla de padres que dan a sus hijas en matrimonio para conseguir una dote que les permita hacer frente a las necesidades familiares. Habla de mujeres solteras o viudas que pierden el empleo y se ven en la necesidad de intercambiar sexo por dinero para comprar ropa, alimentos, o el colegio de los niños. Además, señala que el 32% de la ugandeses viven en uniones polígamas sin capacidad, por la relación de dependencia, de decir “no” a un marido infiel.

En el caso de Sudáfrica, en el artículo de El País citado más arriba, John Carlin hace referencia a un estudio social del Instituto de Comunicación para la Salud y el Desarrollo en el que queda patente que la mayoría de las mujeres no pueden eludir la actividad sexual: “si una chica dice a su novio que no quiere mantener relaciones, el hombre la obliga, y afirma que no se trata de violación porque es mía”. El 15% de las chicas sudafricanas entre 15 y 19 años están infectadas. La dominación sexual del hombre es incomparable con la latina, y su desprecio por la vida mucho mayor, por lo que les trae sin cuidado infectarse o infectar.

Ante un panorama como este, la situación realmente es incómoda, pero: ¿es lo más conveniente repartir preservativos? ¿qué alternativas hay? Sin duda, y los números lo reflejan, el reparto de preservativos es muy poco eficaz, y en muchas ocasiones se inhibe de las verdaderas causas del problema, e incluso puede alentarlas en algunos casos.

El caso de Uganda

El caso de Uganda es paradigmático y muchos o atribuyen al empeño y valentía de su presidente, Yoweri Museveni, cuya franqueza en el debate sobre el sida y los comportamientos sexuales contribuyó a que la población captara la magnitud del problema. Optó por la vía de evitar el riesgo y no sólo reducirlo facilitando un cambio de comportamiento.

El mensaje de cambio de comportamiento fue muy claro y práctico: A (abstinencia), B (fidelidad) y, si no se vive lo anterior, C (condón). Para la Iglesia Católica, que apoyó la campaña, C indicaba “carácter”, formación del carácter. Recordamos que el porcentaje de católicos en Uganda es el 46%. El hecho es que la campaña ABC produjo un cambio de conducta: personas sexualmente activas decidieron ser fieles a una sola pareja y otras resolvieron retrasar el comienzo de relaciones sexuales. Según el informe “Uganda’s Demographic and Health Survey 2000-2004”, el 93% de los ugandeses cambió su comportamiento sexual para evitar el sida. Los resultados en términos de personas infectadas los indicamos al comienzo del artículo.

Obviamente hubo muchos aspectos importantes de la campaña que activaron de forma eficaz: educación preventiva en escuelas de primaria, difusión por parte de los líderes religiosos, actividades de prevención para personas afectadas… y la mejora de acceso a los antirretrovirales.

Para acabar

Sin duda hay que seguir trabajando y pensando. Aunque no ha dado para mucho y queden muchos aspectos por tratar, lo que pretendíamos era una aproximación al problema del sida en África y a sus soluciones. Después de escribir estas líneas nos hacemos una pregunta ¿qué hace la Iglesia Católica para combatir el sida? Un artículo extenso lo podemos encontrar en Aceprensa (aceprensa.com), a quien agradezco gran parte de la información que he reflejado en las líneas anteriores. Si encontramos tiempo, lo analizaremos…

viernes, 24 de abril de 2009

DE UNA MADRE SOBRE EL ABORTO


Mariló Montero es periodista, esposa (de Carlos Herrera, también periodista) y madre (de una adolescente). Es por esta última faceta por lo que más capacitada la veo para decir lo que ha escrito en este magnífico artículo, publicado en DIARIO DE SEVILLA el pasado 21 de marzo.

NO SE LO DIGAS A MAMÁ

(Mariló Montero)


Me gustaría saber la identidad de los nueve expertos en los que la ministra Bibiana Aído se escuda para defender que una niña de dieciséis años puede abortar sin consultar con sus padres. Me gustaría saber de qué son expertos y si son padres y madres. Me gustaría saber en qué se fundamentan para decir que dejar tan dramática decisión en manos de una adolescente aterrada es lo mejor para ella.

Me gustaría saber si se han parado a pensar que esa criatura, tras mantener una relación sexual precipitada, va a empezar a sufrir lo que la literatura científica ya ha diagnosticado ante un aborto. El síndrome de aborto reúne quince síntomas psicológicos que van desde la angustia al sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de la vida sexual. Síntomas que pueden llegar a aparecer, dicen los psicólogos de la Asociación de Víctimas del Aborto, incluso años después de haber abortado.

Me gustaría saber con qué valor lanza la joven ministra Aído, con una sonrisa, como quien anuncia un anticonceptivo novedoso, que una niña de dieciséis años está tan capacitada para abortar como para casarse. Una niña de dieciséis años no está capacitada para abortar ni para casarse, por mucho que se esté normalizando lo que son parches en la vida. Una cosa es que lo haga y otra bien distinta la sacudida que la vida le da a una adolescente casada, quien sale adelante gracias a los apoyos de la familia.

Me gustaría saber quién le va a informar a una adolescente de dieciséis años de que si se queda preñada puede abortar sin decírselo a los padres y también en quién se va a apoyar ante semejante circunstancia. ¿En la mamá-administración, o en su mejor amiga, con la que intercambia los vaqueros e inventa en su habitación coreografías de Beyoncé?

Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia.

Me gustaría saber el protocolo de actuación que se llevará a cabo cuando una niña de dieciséis años acuda al centro para abortar y cómo será tratada.

Me gustaría saber qué pretenden con esta propuesta de ley, que autoriza a que se rompa la confianza entre hijos y padres. Y me gustaría saber qué se pretende de los padres el día que nuestra hija decidiera abortar en soledad. ¿La recibimos con un aplauso? ¿Le damos sopa caliente? ¿Le preguntamos si llegó a ponerle nombre? ¿O quién habría sido el padre? ¿Debemos obviar el tema, o celebrarlo con una barbacoa? ¿Trae esas instrucciones la nueva reforma de la ley del aborto?

Una cuestión más: ¿meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente? O es la ley del "no se lo digas a mamá porque no la necesitas". Señorita Aído, me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre.